Poesía
A veces, sobre todo cuando la depresión toca fondo, suelo escribir poemillas doloridos intentando encontrar en las palabras el consuelo. Los escribo, los olvido en las libretas que van llenando mis bolsillos y, a veces, los releo y los arranco avergonzado de la futildad del intento.
Hace unos días decidí ir al trabajo en metro. Cuando busqué en los bolsillo de la chaqueta la tarjeta de transporte mis dedos rozaron un papelillo doblado. Lo arrojé, sin leerlo, a las vías. Quedó como una mancha blanca en la negrura, apenas visible.
Juzgado de Guardia, dígame.
Llamo de la central de avisos de la Guardia Urbana. Ha habido un accidente en la estación de metro de Ciudadela. Hace unos diez minutos. Hay una persona fallecida. La circulación está detenida. Es urgente retirar el cadáver.
Paso el aviso. La comisión irá lo antes posible.
Suicido en el Metro. (Redacción) Poco antes de la medianoche, J.V.M., varón de 38 años, murió tras ser arrollado por un tren del metro. Se desconocen las circunstancias del fatal accidente, pero, junto al cadáver se localizó una nota manuscrita, al parecer un pequeño poema que, por su contenido, y según fuentes policiales, podría indicar que el propio fallecido pudo arrojarse de forma voluntaria al paso del convoy. La transcripción de la nota decía: "Silencio blanco/Llevo semanas y sólo oigo el silencio./Escribo con tinta blanca./Ni siquiera sé si volveré."
Sonaron las sirenas al paso de los coches camuflados. La distancia hasta la entrada a la estación era corta. Un policía les indicó los pasillos por donde debían dirigirse. El tren había retrocedido. Los escasos pasajeros ya habían sido trasladados la estación anterior. El cuerpo estaba troceado. Junto a la mano derecha, entreabierta, una mancha blanca.
Recojan ese papel, por favor, dijo el juez.
En el andén solo había un pasajero esperando. Se colocó detrás. Pocos segundos después entraba el convoy en la estación. Sólo un empujón. Ni le dió tiempo a gritar. El vagón que pasaba a su lado estaba vacío. La locomotora ya había pasado. Subió las escaleras mecánicas. En la entrada solo funcionaban los cajeros automáticos. Era tan sencillo que incluso estaba perdiendo la emoción, las sensaciones de poder de las primeras veces.
Siempre leo la prensa desde la última página. Ayer, por primera vez, vi publicado uno de mis poemas.
Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.

Noha dijo
Cada vez que te leo me pierdo en historias extrañas, nunca se sabe por donde saldra...
Me encanta leerte
Un saludo
5 Octubre 2006 | 02:23 PM