Respeto
Necesito que respetes mi intimidad, necesito tener una parte de mi misma, un espacio propio... me dijo, hace ya tantos años, después de mucho insistir en compartir sus pensamientos, los sufrimientos que yo podía sospechar. Me lo creí. Lo he tenido siempre presente en todos los años transcurridos, en todos los silencios vividos, todas las veces que rechazaba una caricia, un abrazo o un simple beso.
Hace unas cuantas noches sólo pudo decir que nunca he sido su marido, su amigo, su confidente. Entonces yo me callé. Y, en silencio, pensé que mi mayor error ha sido respetar siempre su silencio, querer en el silencio, soñar con que algún día sería capaz de abrir sus sensaciones y compartirlas. No pedir. Respetar.
Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.

Teresa, la de la ventana dijo
¿No has pensado, después de todo, que quizás debas empezar a hablar con ella?
Hay personas que no saben escuchar los silencios.
Quizás ella es una de esas personas y necesite palabras... Respeto, como el que tú la has dado siempre, pero envuelto en palabras.
20 Septiembre 2006 | 07:56