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Regresan al colegio. Siguen pasando los años. Seguimos esperando que las mochilas nuevas nos aporten otros horizontes. Nuevos horarios. Nuevas experiencias. Más vida.
Hoy llovía. Caía un agua torrencial, de diluvio originario, como si quisiera dejar su presencia después de semanas de sequía y desierto, como si reclamara de nuevo su lugar en esta ciudad castigada durante semanas por el sol y la humedad.
Después de dejarlas en el cole he puesto rumbo a la oficina. Me apetecía caminar bajo la lluvia así que me he bajado tres paradas antes del autobús. En las aceras se formaban sistemas de ríos y lagunas. Sin darme cuenta he comenzado a seguir los pasos de una chica que caminaba delante de mí. Llevaba sandalias y sus pies desnudos iban dando pequeños saltitos para evitar hundirse en el agua embalsada, en los remansos frescos. Protegía su camisa de seda negra llena de flores estampadas debajo de un paraguas rojo. No pede verle la cara, pero, sin que lo supiera, iba guiando mis pasos hasta el último cruce. Colocaba mis zapatos donde ella había posado sus pies como alas. Allí nuestro camino se separó y alcancé el despacho como pude, empapándome los zapatos nuevos y las perneras del pantalón, sin poder evitar hundirme en todos los charcos.
Juraría que, con sus gráciles movimientos, no se mojó ni el meñique.
Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.

Maite dijo
Yo también me he mojado en la "vuelta al cole"... y llevaba sandalias, pero no una blusa negra con flores estampadas. No era yo!
Me he dado una vuelta por tu blog; da gusto tu escritura. Lástima que los ánimos no la acompañen. Espero que mejoren; seguro que lo harán. Todo es cíclico.
Saludos, adicto.
13 Septiembre 2006 | 01:26 AM