Si comiera un limón...
Hoy se publica en La Vanguardia una reseña del próximo libro de relatos de Sergi Pàmies, del que tomo prestado la primera parte del título. Por supuesto, no lo he leído, pero, en la entrevista, he vislumbrado señales de cercanía. La dependencia de las relaciones afectivas que crean adicción. El amor a los hijos, a la mujer, que se convierte, y cito textualmente, en una adicción, que crea dependencia.
Ayer mismo, una vez más, dudé de nuevo, y, después de repensar como sería una vida sin su presencia constante, como sería una vida con la posibilidad de ser tan feliz como los ingenuos algún día, tuve que llegar a la misma conclusión que mi psicoterapeuta. En realidad te gusta sufrir.
Quizás, mi más profunda adicción, no sea a una persona sino a la amortiguada sensación de dolor que me permite seguir escribiendo. Leeré el libro.
Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.
