10 de mayo de 2086
A veces, sin que sepamos muy bien por que, alguno de los satélites que todavía funcionan, cuando pasa en nuestra vertical, nos pone en conexión. El mapa mundial de servidores fue objeto de análisis exhaustivos y se recogieron todos los posibles. Se hicieron traslados durante años. Se conectaron a nuevas fuentes de energía renovable. Los estudios y trabajos que se hicieron durante años intentaron aprovechar sólo, pues nos iba la supervivencia en ello, los que tenían contenidos útiles para el futuro que nos esperaba, y se abandonaron los restantes al frío del mar que iba creciendo cada vez con más rapidez. Pero, cuando ya todo había terminado, desde nuestros pequeños refugios continentales, los privilegiados especialistas que pudimos tener acceso a la tecnología rescatada, comprobamos que, aunque de forma intermitente, algo del pasado seguía viviendo en la red. Se intentaron dar muchas explicaciones, pero ninguna resultó convincente ni definitiva. ¿De dónde salía la energía necesaria?
Ahora ya ni siquiera buscamos explicaciones. Solo intentamos sobrevivir. Una humanidad de refugiados carente de casi todo apiñada en islas que antes fueron las cumbres más altas. El futuro se presenta incierto, pero, desde mis noventa y un años, no puedo mantener que, en realidad, eso me produzca una especial inquietud. Estoy cansada.
Hoy he encontrado este acceso a eso que, en un tiempo del que ya apenas tengo recuerdos borrosos, se llamaron blogs. Uno de los programas instalados me ha proporcionado, en pocos segundos, la sencilla clave de acceso. Fantaseo con la posibilidad de que, por algún misterio de la tecnología que nunca lograré entender, puedan leerse estas líneas no ahora, cuando las escribo, sino en el tiempo en que estas páginas eran algo tan común que prácticamente todo el mundo escribía en ellas sobre los temas más variados y, tantas veces, mas vacíos. Ni tan siquiera me importa el lugar en el que puedan aparecer, aunque esta parece la página de un depresivo contumaz que se cansó pronto de escribir.
La máquina me avisa con un pitido estridente. Las conexiones no pueden mantenerse mucho tiempo. Medidas ordinarias de ahorro de energía.
Volver tras casi un año en el pais de los silencios, sentir de nuevo la necesidad de contar, de lanzar al vacio sensaciones calladas. Vuelvo de las miradas que me asaltaron cuando intentaba decirle adiós al humo a mis miradas aquí. Otra vez adicto.
